A la gramática le corresponde el género masculino y femenino, que puede aplicarse en forma aleatoria. Podría decirse igualmente “la” silla o “el” silla según cómo se designen las reglas gramaticales, por usos y costumbres, y convenciones.
Incluso hay palabras que en un idioma pueden ser masculinas y en otro femeninas. Por ejemplo, el sol es masculino en español, mientras que es femenino en alemán (die sonne). Lo opuesto sucede con la luna, femenina en español y masculina en alemán (der mond).
Existe también el género neutro, que gramaticalmente no aplica a personas.
Mientras tanto, cada ser humano tiene un sexo (no género), que le viene asignado genéticamente, y no tiene posibilidad de cambio o de asignación aleatoria.
Sorpresivamente, el psicólogo y sexólogo neozelandés John Money, nacionalizado estadounidense, fue quien propuso el concepto de «rol de género» en 1955, para describir los comportamientos asignados socialmente a hombres y mujeres.
Posteriormente, el concepto fue utilizado por el movimiento feminista en la década de 1970.
La postura es propicia para confundir, ya que el género no tiene una fundamentación inamovible como si lo tiene el sexo, que depende estrictamente de la biología, y no ofrece dudas.
En definitiva, dado que conceptualmente se reserva al "concepto de género" la influencia cultural que pueda existir en el comportamiento de cada uno, cualquier persona puede asignarse a sí misma, o a otra, el género que quiera, pero sólo tendrá una opción de sexo, la que le asigna su realidad biológica.
Afortunadamente, hasta ahora, ningún movimiento impulsó enseñar gramática en los colegios basados en la sexualidad biológica. Siempre se puede confundir aún más.
El análisis gramatical de la expresión “el género humano” es masculino, y por ello lleva el artículo “el”. Por convención, nadie diría “la género humano”, lo cual sería incorrecto, y correspondería a un aplazo en el colegio. Pero conceptualmente, el género humano involucra a varones y mujeres, a toda la humanidad (científicamente se refiere al homo sapiens), por lo cual no se refiere a un "género/sexo" en particular, sino a toda la especie humana, sin distinción de sexo, cultura, nacionalidad, religión o época histórica.
Por ello en el título de este escrito, haciendo un juego de palabras, expreso que no designa, ni diferencia géneros, ya que no se refiere a un “género” en particular.
Quien elige asignarse a sí mismo el sexo que no tiene, aplicando la idea de que puede cambiar su “género” en forma voluntaria, está eligiendo vivir la vida “a contramano” (se entiende que la situación que le toque vivir sobre su inclinación sexual puede ser no voluntaria, pero si lo es cuando decide reAFIRMAR esa situación, en lugar de buscar una alternativa para alinearse con su sexo biológico)… Puede hacerlo porque es libre, pero claramente será una de las decisiones, totalmente personal, que más le complique la vida, ya que jamás podrá cambiar su sexo.
Aunque se lleven a cabo operaciones que modifiquen sus genitales u otras, que cambien su "apariencia sexual", aunque reciba hormonas, todas sus células seguirán siendo XX o XY.
Por lo tanto, como cambiar de sexo es un imposible, las personas que lo intentan, viven una GRAN frustración por el engaño que sufren cuando se les ofrece la mentira de la “ilusión” del cambio de sexo, y luego viven la experiencia de que no funciona lo que les prometieron. Teniendo además presente que las causales que más se asocian a la disforia de género son rupturas de la familia, traumas intra-familiares, personalidad ansiosa o depresiva, más la sensación de engaño por la frustración de una ilusión que se les prometió y no funcionó según sus expectativas, ha llevado tristemente a ser el grupo social que tiene la mayor tasa de intento de suicidios.
Si una persona está confundida con disforia de “género”, lo mejor es darle amor, contención y empatía, ayudarla a que se sienta más segura de sí misma, y que vaya comprendiendo que, aunque le cueste, lo mejor será encarar todo el esfuerzo que sea necesario por asumir quien ES en realidad... incluso hasta es preferible asumir que no puede manejar su disforia, antes que el engaño. El engaño condescendiente nunca será la mejor elección.
Quienes lo logran, quienes logran asumir quienes son en realidad, viven su logro con alegría, muchas veces con orgullo, porque es REAL y palpable, no hay engaño, sino una solución para algo que lo complicaba… ese grupo social vive su personalidad con felicidad, no refieren intentos de suicidios.
La sexualidad humana es algo muy influyente en la vida de cada persona. Vivirla sana y plenamente, con respeto y cuidado por lo que somos EN REALIDAD, tendrá mucho impacto en la calidad de vida de cada uno.
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