El blog del Hueso Durand
Reflexiones de un viejo lobo de mar... nuestra esencia, relaciones humanas y cómo nos vinculamos, nuestras prioridades, etc., etc.
domingo, 15 de febrero de 2026
20260215 el género humano no designa géneros, la sexualidad humana distingue dos sexos
sábado, 14 de febrero de 2026
20260214 Tenemos que volver a "descubrir el fuego" vs. seguir "en piloto automático"... nuestra espiritualidad.
lunes, 9 de febrero de 2026
20260209 muchos buscan a Dios... aún sin saberlo.
Para el que decida seguir leyendo... lo primero que me gustaría transmitir es que considero que debo ser respetuoso, que no puedo opinar ligeramente sobre quien busca, y quien no busca a Dios... algo tan, tan, personal, de la intimidad de cada uno.
Hay algo que nos unifica como seres humanos... de todas las razas, regiones, épocas, niveles de educación y/o credos... TODOS tenemos la ilusión de alcanzar la felicidad en algún momento.
No es fácil, requiere esfuerzo y dedicación, pero resulta increíble para nuestra mente limitada, entender que TODOS tenemos las “herramientas”, aún en las circunstancias más complejas o difíciles.
Por las experiencias que podemos ver a nuestro alrededor, es claro que influyen las circunstancias que nos tocan vivir, pero lo más determinante es nuestra determinación por encontrar la felicidad... porque, en todos los casos, se necesita convicción y trabajo.
Esto me lleva a interpretar que tenemos un propósito de vida... y que buscarlo hasta alcanzarlo no nos resulta indiferente... Al mismo tiempo, disponemos de libertad absoluta, cada uno puede buscar su propio camino.
PENSAR... fuimos dotados con esa capacidad, y aquello que pensamos, no nos resulta indiferente.
Tenemos “hábitos de pensamiento” que se apoyan más en nuestras “creencias” pre-establecidas (pre-juicios) que en las propias ideas que vamos analizando o desarrollando... en ello, somos muy personales, y a veces no le terminamos dando lugar a la posibilidad de analizar una idea nueva... Nos influye mucho, acabamos "viendo las cosas", según "pensamos"...
Aristóteles decía que solo una “mente educada” puede comprender un pensamiento diferente al suyo sin necesidad de aceptarlo. Esa frase guarda la esencia de un estado de conciencia, donde es posible entender sin apego, escuchar sin reaccionar, dialogar sin imponer.
Pero, inicialmente, mientras transitamos nuestro propio camino de maduración (cada uno distinto) hacia esa “mente educada”, nuestros prejuicios o creencias TIÑEN todo lo que pensamos interiormente, o lo que la opinión de otros nos “dispare” como motivación para reflexionar. Es lo habitual, sucede espontáneamente... salvo que nos propongamos reflexionar con mayor objetividad. Debemos "trabajar" para estar dispuestos a abrirnos a otros puntos de vista.
¿Qué son, o serían, esas "creencias/prejuicios" que a cada uno nos “ata” en una postura fija o rígida... que nos dificulta, no ya el cambiar nuestra mirada completamente, sino que, al menos, nos abramos a una escucha más reflexiva, cómo lo haría aquel a quien Aristóteles describía cómo una “mente educada”?
Interpreto que para buscar la respuesta a tamaño interrogante, debemos analizar algunos conceptos:
LA VERDAD. La verdad es una... y no nos resulta indiferente. Si me ofreces algo para comer, necesito saber si es un alimento o un veneno, no puedo/debo negociar sobre conocer la verdad.
¿Analicemos si podemos distinguir el simple sentimiento espontáneo del cariño que podemos sentir por alguien, de lo que significa el trabajo consciente que requiere el amar, y que, para que suceda, debemos proponernos llevarlo a cabo cada día?
Vamos introduciéndonos en otro concepto más para aquel gran interrogante de más arriba: el AMOR.
Si consideramos que la verdad y la humildad son necesarios, el AMOR es el ingrediente principal para la felicidad.
No siempre se usa la palabra amor con el mismo significado, incluso muchas veces se banaliza el concepto. Creo que la confusión más frecuente es decir "te amo" buscando expresar que te quiero para mi beneficio personal (de distintas formas), cuando el verdadero amor significa estar dispuesto para ayudar al otro a ser su mejor versión, y cuando hay coincidencia, ayudarnos juntos.
Todos podemos elegir el placer del momento, que prioriza el bienestar propio, que nos hace pasar buenos momentos, aunque sin llenar nuestro corazón de la forma en que se llena cuando compartimos, cuando elegimos el amor de ser empáticos, comprometidos en una sana exigencia, confiables, coherentes, bien dispuestos... para con nosotros mismos y para con los demás...
¿Se puede elegir a quien sí amar, y a quien no?
El amor es esencial porque conduce a la PAZ, que es el escalón que está al lado de la felicidad (que podríamos definirla por tener el corazón lleno de cosas buenas, esas que nos ponen orgullosos y en paz)... No podría comprender el concepto de felicidad, sin paz interior.
PLACER | FELICIDAD |
más pasajero | más permanente |
más visceral | más etérea |
surge más de obtener, de tomar | surge más de DAR |
se puede conseguir con sustancias | no se puede conseguir con sustancias |
es una sensación individual | se experimenta en forma grupal |
sus extremos llevan a la adicción | no existe adicción en la felicidad |
se libera dopamina | se libera serotonina |
Para algunas personas, hablar de amor puede parecerles algo "naif", pero está demostrado científicamente que quienes aman, y se sienten amados (mejores vínculos), quienes logran más paz interior, potencian su sistema inmunológico (mayores y mejores defensas), y hasta viven más, porque prolongan los telómeros (estructuras de los cromosomas vinculados a la longevidad).
Neurológicamente, lo contrario al amor es el miedo... incluso más todavía que el odio.
Todos nos enfrentamos a incertidumbres, con nuestras vulnerabilidades a cuestas, vivimos en la constante elección de pensar primero en mí mismo -egocentrismo-; frente al camino del bien común, de salirme del centro de la escena, de ser empático, de estar dispuesto para los demás, intentando ser coherente, y de esa forma ir logrando la confianza... el amor finalmente puede volver como un bumerang, hasta magnificado, sin buscarlo, sin negociar... solo por intentar vivir EN el amor.
Todos reconocemos en nosotros mismos algo de esas máscaras, o al menos un “maquillaje” que preferiríamos no tener... y a veces enfrentamos con humildad la situación para lograr ser coherentes con la verdad de nuestras debilidades, y a partir de allí intentar fortalecerlas y mejorarlas... volviendo al amor.
Por eso el título de este escrito... tenemos mucho más en común de lo que pensamos, y en general, por caminos muy personales, buscamos algo similar...
Ya que el Dios en el que creemos los cristianos, Jesús de Nazaret, vino simplemente a decirnos que Él ES el amor, y a aconsejarnos/enseñarnos cómo reaccionar frente a cada una de las circunstancias en que se nos presenta ese dilema... que de alguna forma u otra, se nos presenta a todos.
En toda la primera parte de este escrito no hablamos de Dios ni de religión... sin embargo, estuvimos de acuerdo que buscar el bien (humildad, verdad que conducen al amor) conduce a la felicidad...
Por eso, el título de este escrito debería haber sido algo así:
Jesús nos muestra el camino... nos enseña que podemos ser los ingenieros de nuestro propio camino, y que podemos ser los arquitectos de nuestro palacio de la FELICIDAD... verdadera.
Algo parecido a lo que intentará construir el "no creyente"... pero privándose de esa guía... que los "creyentes" consideramos una guía divina... debido a una fe que se apoya en un sustento lógico y racional... además de milagros y misterios...
Tan, pero tan interesante... que para aquellos que piensan que la fe cristiana es una creencia sin sustento, y que creen encontrar más argumentos en la ciencia, finalmente entre los científicos de mayor prestigio, el 95% de los ganadores de premios Nobel en ciencia, son o se convirtieron en creyentes...
Alguna vez se expresó que buscando ciencia se encontró a Dios...
martes, 3 de febrero de 2026
20260203 LA FAMILIA... muy breve
domingo, 1 de febrero de 2026
20260127 HERMANOS... ¿sí o no?
Empiezo con una consideración especial, ya que el desarrollo de este tema puede resultar especialmente sensible para alguien, y no es esa la intención de este escrito.
Existen familias sin hijos, con hijo único y con muchos hijos... Cada caso, cada familia es única... es fácil comprender que no todos tuvimos los hijos que quisimos/planeamos (el cálculo puede “fallar” en menos o en más), así que lo que se exprese acá es solo un análisis para reflexionar, nunca buscando juzgar a nadie.
Arranquemos:
Siempre que nos referimos a la célula vital y esencial de una sociedad, unánimemente mencionamos a la familia. En menor medida, también se menciona, cada tanto, al cimiento y sostén de cada familia: el matrimonio.
Familia y matrimonio son modelos de CONVIVENCIA... es allí donde aprendemos a con-vivir en forma natural, y en la máxima confianza. Desde luego, esa convivencia estará atravesada por los valores que sepan/puedan transmitir los padres, para ellos mismos en el matrimonio, y para los hijos en la familia.
Pocas veces se habla/analiza sobre los hermanos, como miembros esenciales de una familia... Para que existan hermanos, debe haber, por lo menos, dos hijos o más.
Empezamos por un concepto que me gustaría resaltar:
“cada hijo ES único... aunque tenga hermanos, aunque sean muchos hermanos”.
Algunos datos aislados, pero representativos:
- Según el censo de 2022, el 57% de los hogares en Argentina no tiene niños menores de 18 años. En 1991 eran el 44%... y antes menos. Se estima una caída cercana al 50% de la natalidad, sólo en la última década, lo cual es un tema demográfico para analizar en cualquier país o región, pero mucho más en Argentina, que tiene un territorio muy extenso, escasamente poblado (casi 2,8 millones de km2, con solo alrededor de 16 habitantes por km2)
- En la Unión Europea, de los hogares CON niños, el 47% tiene uno solo. En Canadá y en Reino Unido, entre las familias CON hijos, las que tienen uno solo superan a las que tienen 2 o más.
- En Alemania, solo un 13% de las familias CON niños, tienen 3 o más.
- En Australia, mientras en 1981 más del 33% de las familias tenían 4 hijos, en 2016 cayó al 11%.
A pesar de ello, en países desarrollados, emergió, y aumenta el concepto DINK (“Double Income, No Kids) como “modelo familiar”. Un modelo donde la valoración principal es según costos... que no es un tema menor.
Siempre, en todos los países, estos costos dependerán del nivel de vida de la familia... un término que en mi humilde opinión no es correcto, me parece más apropiado decir “nivel de consumo”... ya que una familia con bajos ingresos, puede tener un nivel de vida extraordinariamente alto... aunque consuma poco, comparada con otras. Una familia con altos ingresos y bajo nivel de consumo, también puede tener un buen nivel de vida...
En otros escritos hemos evaluado los conceptos de austeridad y consumismo.
Un análisis que puede ser real, aunque muy sutil:
En algunos casos, una pareja decide “comprar” un hijo (¡Perdón! quiero decir “tener” un hijo...), como parte de un análisis centrado en destinar parte de sus ingresos, en forma muy estudiada, a ese “¿consumo?”, que sería el hijo que “van a adquirir”, ¡perdón! que van a tener, o que va a llegar... en general, más a pedido de la mujer, que “necesita realizarse” como madre. También puede ser porque ambos lo desean, o lo “necesitan”, los varones también querríamos trascender como padres...
... no deberíamos usar a los hijos para darnos gustos... ¿o sí? ¿Existen derechos inherentes a los hijos?
Tener un hijo, criarlo, ayudarlo a desarrollar su potencial, puede constituir el acto de mayor entrega y desprendimiento de un ser humano o una pareja (amor), más todavía si llega más de uno... O puede ser “un gusto que nos daremos como padres” en determinado momento, según la conveniencia (egocentrismo)...
Es claro que una buena situación económica permitirá “muchos gustos”, y un mejor acceso a muchas cosas... pero no será lo que marque la FELICIDAD del hijo, ni la de los padres, ni la de la familia.
Claramente existen familias con pocos recursos, que son felices... y otras que tienen todo lo que necesitan, y hasta otras, a las que les sobra demasiado, que no logran una armonía y felicidad.
Al mismo tiempo, el nivel de consumo (que en muchos casos es considerado como una necesidad impostergable) ha crecido tanto, que muchas parejas eligen tener un solo hijo, “para poder darle todo lo que el hijo ‘necesite’” ... no solo en lo referente al “tiempo” de parte de los padres, sino también de bienes materiales (“que no le falte nada, como me faltó a mi”). Y ellos también, como padres, disponer de los recursos necesarios para determinados consumos que no están dispuestos a ceder... ni siquiera por un hijo.
Una vez más mencionamos el trabajo de investigación de la Universidad de Harvard sobre lo que conduce a la felicidad. Un estudio prospectivo de más de 80 años (¿el estudio más importante de la historia de la ciencia?), que muestra claramente que, contrariamente a lo que pensaban al inicio la mayoría de los reclutados para el estudio, no son los recursos o medios económicos quienes conducen a la felicidad, así como también a la mayor longevidad con mejor salud, sino los buenos vínculos que aprendemos a desarrollar con quienes nos rodean...
Por lo tanto, a quienes más queremos, lo mejor que podemos desearles es que logren generar buenos vínculos con su entorno, principalmente el entorno más cercano.
¿Se aprende eso? ¿Cómo y dónde se lo aprende, principalmente?
Esto me disparó a comenzar esta reflexión, profundizando la búsqueda de algunos datos y de algunos otros análisis.
Howard Gardner, prestigioso neuro-psicólogo e investigador, formula la teoría de las inteligencias múltiples en 1983, desafiando el paradigma tradicional de una inteligencia única. Propone 8 formas distintas de inteligencia: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal-cinestésica, naturalista, intrapersonal e interpersonal.
La inteligencia intrapersonal e interpersonal son las que predominan para generar los vínculos que tendremos con los demás, se las puede unificar como inteligencia emocional. Nuestro cerebro debe desarrollar las vías neuronales que active y potencie esta inteligencia emocional.
Algunos estudios científicos "de peso", para comprender desde donde nos posicionamos:
Bajo estas premisas y apoyados en estas bases científicas, alguien expresa que la madurez emocional es un camino de crecimiento personal: aprender a sentir sin rompernos, a amar sin depender y a vivir sin miedo.
La madurez no es solo un proceso de "crecer", sino de internalización; necesitamos a otros para que actúen como espejo y motor del desarrollo. Aprendemos quiénes somos al observar cómo reaccionan los demás ante nosotros. Los pares ayudan a etiquetar y validar emociones; sin ellos, el individuo carece de las herramientas para la “gestión emocional”.
El cerebro humano desarrolla circuitos específicos que solo se activan mediante la interacción. Las interacciones sociales tempranas proporcionan instrucciones claves para determinar cómo se desarrolla el cerebro.
La Teoría de la Mente es la capacidad de entender que otros tienen pensamientos y deseos distintos a los nuestros.
La madurez nace de la seguridad. Para que un joven se atreva a madurar y explorar el mundo, necesita saber que existe un "puerto seguro" al cual poder volver. El apoyo social (personas de confianza) es el factor que más ayuda a desarrollar la resiliencia; sin otros, los desafíos de la vida pueden resultar abrumadores en lugar de ser oportunidades de crecimiento.
Madurar implica ver las cosas desde la perspectiva ajena (empatía); se aplica en la capacidad de postergar el deseo inmediato en favor de un bien común o de una relación a largo plazo.
Alguien que crece solo puede volverse funcional en tareas técnicas, pero permanecerá en un estado de egocentrismo infantil permanente al no haber tenido que negociar nunca sus necesidades con las de otro. La "madurez humana" (entendida como juicio, empatía y regulación emocional) es un producto social que simplemente no se genera en soledad.
Con un hermano aprendes que no eres el centro del universo. Se negocia desde quién usa el control remoto hasta cómo compartir el afecto de los padres. Este "entrenamiento" desarrolla la capacidad de ceder, defenderse y buscar soluciones "win-win". La rivalidad fraterna es natural y saludable si se maneja bien, ya que enseña a lidiar con la envidia, los celos y la competencia, emociones que aparecerán inevitablemente en la vida adulta.
Los niños con hermanos disponen de herramientas naturales para desarrollar la capacidad de entender que las otras personas tienen pensamientos, intenciones y sentimientos distintos a los propios. Además, los hermanos crean una cultura propia (chistes internos, secretos) que les permite diferenciarse de la unidad parental, un paso crucial hacia la independencia emocional.
Mientras que la relación con los padres está marcada por la futura pérdida, la relación con los hermanos es, potencialmente, la más larga de la vida. En situaciones de estrés familiar (como una crisis, o un divorcio, o pérdida de un padre, etc.), los hermanos sirven como amortiguadores emocionales, procesando juntos la realidad y brindando seguridad mutua.
¿Y qué pasa con el hijo único?
No significa que no madure, sino que no dispone naturalmente de ese "laboratorio horizontal" (24/7), que llamamos socialización primaria. Entonces, en el mejor de los casos, buscará su reemplazo en otros espacios, como los primos, tíos (otros adultos), amigos, club o el entorno escolar, para compensar la falta de esa convivencia diaria con pares. El problema será que esos otros espacios resultarán temporales, asimétricos o estructurados. Obviamente se puede sobrellevar la situación, pero no existe un entorno/convivencia que sea igual a la de los hermanos.
La escuela está regida por normas y una supervisión distinta a la de los padres; además, allí el niño debe cuidar una “imagen social”, que no le preocupa frente a sus hermanos. No hay espacio para la convivencia "ociosa" donde surgen los conflictos que deben aprender a manejar.
En el club, actividades extracurriculares, o con amigos, el tiempo compartido es limitado y lo que principalmente evita es la obligatoriedad de tener que convivir después de las peleas, como sucede con un hermano, que es lo que realmente obliga a la maduración y la reparación del vínculo.
Los hijos únicos a menudo se van adaptando, y desarrollan sus propias formas de relacionarse con el mundo que los rodea.
En el desarrollo evolutivo entre 3 y 12 años, un hijo único tendrá experiencias distintas en comparación con un hijo que crece con hermanos. Entre hermanos están obligados a competir y compartir, negociar y resolver conflictos, aprendiendo a comprender diferentes perspectivas entre pares... y todo eso tiene impacto en el desarrollo de vías neuronales en el cerebro.
Los hermanos, a menudo, asumen diferentes roles dentro de la familia, con lo cual aprenden que cada uno es querido por quien es, más que por sus logros o por el lugar que ocupa. Lo viven en carne propia, y lo observan directamente en alguno de ellos.
El hijo único habitualmente tendrá ausencia de estos estímulos para su maduración, ya que crece en un ambiente donde las interacciones en el hogar son con adultos (relaciones asimétricas), no con pares de su misma edad con quienes debería navegar dinámicas de igualdad, conflicto y negociación.
Dado que la esencia humana es de madurar hacia lo social, la psicología del desarrollo describe esta situación como un aumento del riesgo del egocentrismo prolongado.
Desde la perspectiva de la maduración, si un niño no dispone de las herramientas que otorga la convivencia entre pares de forma intensiva entre los 3 y 12 años, puede resultarle más difícil la "descentración" (su capacidad de salir del egocentrismo natural de esa etapa). Según Jean Piaget, el niño debe pasar del egocentrismo a la capacidad de ver el mundo desde otra perspectiva. Sin hermanos que le obliguen a ver que "el otro también tiene hambre, también quiere ese juguete y también está cansado", ese proceso de descentración puede ser más lento, difícil y/o doloroso. Pueden presentar una mayor fragilidad ante la frustración social (sus interlocutores adultos suelen ser predecibles, por educación o por razones de lógica adulta, entonces cuando en el mundo real se encuentra con pares que no ceden, puede experimentar frustración al no tener entrenamiento en la negociación horizontal).
También pueden ser más rígidos en la propia evaluación de su identidad, al no haberse habituado a distintos modelos, o a la “corrección fraterna”, que en algunos casos puede ser cruel, pero en otros puede ser en la confianza de mucho amor mutuo.
Por consiguiente, el egocentrismo, en algunos casos puede no estar referido a actos voluntarios, sino a no haber desarrollado la capacidad de lectura de la postura del otro... lo cual puede dificultar los vínculos con los demás (familiares, amigos, pareja, equipos de deporte o de trabajo).
Todas estas “ausencias” pueden ir recuperándose con el tiempo, y algunas personas lo hacen de manera brillante; pero es importante recalcar que la etapa entre 3 y 12 años constituye para el desarrollo del cerebro lo que se ha llamado “ventana de plasticidad social”. Aprender después es más difícil, y no se “graba” de la misma forma. Se lo considera el período crítico de la descentración (salir del egocentrismo) y de la autorregulación, herramientas que serán fundamentales para la autoestima y para generar buenos vínculos con quienes los rodean.
En esa etapa el cerebro desarrolla las conexiones neuronales de la empatía, que necesita ser “entrenada”, caso contrario, de adulto será más difícil leerlo naturalmente.
A los 3 años los niños van aprendiendo a jugar en paralelo (cada uno en lo suyo, puede adoptar sus propias reglas), alrededor de los 6 a 9 años pasa a aprender a respetar reglas comunes... entre hermanos, esas reglas se negocian y re-negocian mil veces al día, hasta lograr consensos. Va pasando del yo al nosotros, y va valorando su capacidad de hacer cosas en grupo. Entre hermanos aprende fácilmente que a veces puede ser líder, y otras seguidor, sin que cambie su valoración como persona.
Al llegar a la pubertad, el cerebro se vuelve “más rígido” (el cerebro “limpia” conexiones que no fueron muy usadas), y se enfoca más en la identidad sexual y la pertenencia a grupos más grandes. Aprender a manejar conflictos recién en la adolescencia puede dejar más rencores o “cicatrices”. Aprender a convivir después de los 12 años es como aprender un idioma nuevo de grande, puedes lograrlo, pero tienes más chances de que se marque un "acento"...
Entre los 3 y los 12 años se desarrolla y entrena el “músculo” de la convivencia social.
Es muy fácil apreciar que todo ese gran aprendizaje descripto más arriba, sea en el caso de hijo único o en aquellos con hermanos, el acompañamiento y la guía de los padres es fundamental (pudiendo claramente ser mejor o peor).
Algunos padres reconocerán la dificultades, e intentarán suplir lo que puede haber faltado en cualquier caso (de hijos únicos o con hermanos)... pero es importante tener presente que los niños aprenden mucho más, y mejor, lo que somos como padres, que lo que les decimos.
Puede resultar más difícil enseñar la generosidad de la empatía, el perdón, la comprensión, si cómo padre tomé la decisión de no tener más hijos por un tema de comodidad, de disponer más recursos (mucho peor, más difícil, si hubo algún aborto, y el hijo lo sabe... lo cual también le baja la autoestima, ya que puede pensar que no es amado en forma incondicional, porque si hubiera llegado en el momento que le tocó a su hermanito...). La mejor forma de aprender generosidad puede ser viendo a los padres sacrificando tiempo, sueño, recursos por él o un hermano... viendo cómo sus padres gestionan la llegada de cualquier “inconveniencia” con amor y aceptación.
En el caso del hijo único planeado, calculado, puede ser que el niño sienta que debe satisfacer expectativas de sus padres. Se cambia un amor incondicional, por un “amor por desempeño”... donde el bienestar personal de algún miembro de la familia está por encima del vínculo.
De hecho, la descentración (salir del egocentrismo) es una experiencia de renuncia, que es difícil de enseñar si uno no está convencido de ello y no predica con el ejemplo... nuestros hijos tienen muchas chances de ser nuestros espejos en muchos aspectos.
La caída brusca de la natalidad en nuestro mundo occidental debe hacernos reflexionar si no habremos estado transmitiendo una cultura donde predomina el yo antes que el nosotros.
Si bien este es un tema inagotable, me gustaría terminar analizando dos valores que no mencioné hasta acá que son más fáciles de aprender en una familia con muchos hermanos, y difíciles si no se practican: la AUSTERIDAD (el buen uso de los recursos) y la EQUIDAD (no distribuir en base a igualdad, sino dar a cada uno lo que cada uno precisa).
Dos virtudes de la voluntad, que deben ser aprendidas, comprendidas, ejercitadas y valoradas con ejemplos concretos... preferiblemente constantes.
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