Si, si, comprendo... tal vez, debiera haber elegido otro título.
Entiendo que no te interese continuar con la lectura de este texto, porque a muchos, entre los que me incluyo, a veces no nos gusta que nos digan algo como lo que dice este título... necesito sentir que tengo “mis asuntos personales bajo control, que no me anden diciendo este tipo cosas”...
Para el que decida seguir leyendo... lo primero que me gustaría transmitir es que considero que debo ser respetuoso, que no puedo opinar ligeramente sobre quien busca, y quien no busca a Dios... algo tan, tan, personal, de la intimidad de cada uno.
Intentaré explicarme.
Luego de mucha reflexión, y de mucha experiencia vivida (el ser médico me permite charlas profundas con personas muy distintas, en circunstancias muy diversas) interpreto que todos tenemos mucho más en común que lo que nos separa... a pesar de que, a veces, creamos que no podemos relacionarnos con determinadas personas, o sobrellevar determinadas situaciones.
Espero poder expresar/desarrollar la idea en forma coherente, que nos permita, siendo todos distintos, intercambiar puntos de vista que nos enriquezcan.
Ahí va, a ver qué les parece:
Hay algo que nos unifica como seres humanos... de todas las razas, regiones, épocas, niveles de educación y/o credos... TODOS tenemos la ilusión de alcanzar la felicidad en algún momento.
No es fácil, requiere esfuerzo y dedicación, pero resulta increíble para nuestra mente limitada, entender que TODOS tenemos las “herramientas”, aún en las circunstancias más complejas o difíciles.
Por las experiencias que podemos ver a nuestro alrededor, es claro que influyen las circunstancias que nos tocan vivir, pero lo más determinante es nuestra determinación por encontrar la felicidad... porque, en todos los casos, se necesita convicción y trabajo.
Esto me lleva a interpretar que tenemos un propósito de vida... y que buscarlo hasta alcanzarlo no nos resulta indiferente... Al mismo tiempo, disponemos de libertad absoluta, cada uno puede buscar su propio camino.
Entre todos, compartimos muchas cosas en común, y muchas otras en las que cada uno nos vamos diferenciando constantemente. Libertad absoluta para elegir el camino que nos lleve a un destino similar... y lo que es más increíble aún, un destino donde, a pesar de caminos TAN distintos, podamos encontrarnos (un destino ¿común?)...
... esperamos "volver" a reunirnos con nuestros seres queridos, algún día, en algún lugar.
PENSAR... fuimos dotados con esa capacidad, y aquello que pensamos, no nos resulta indiferente.
Tenemos “hábitos de pensamiento” que se apoyan más en nuestras “creencias” pre-establecidas (pre-juicios) que en las propias ideas que vamos analizando o desarrollando... en ello, somos muy personales, y a veces no le terminamos dando lugar a la posibilidad de analizar una idea nueva... Nos influye mucho, acabamos "viendo las cosas", según "pensamos"...
Se le atribuye a Einstein la frase de que “es más fácil romper el átomo que intentar cambiar cualquier creencia arraigada (un prejuicio)...”
Todo lo que pensamos, o lo que nos dicen, pasa por ese prisma de nuestros prejuicios... y cuántas veces somos poco tolerantes con los demás. Siempre entendiendo que no se debe ser tolerante con una idea, la cual debe ser analizada en forma objetiva, pero si debemos ser tolerante con quien expresa esa idea, tratando de entender porqué llega a la misma.
Aristóteles decía que solo una “mente educada” puede comprender un pensamiento diferente al suyo sin necesidad de aceptarlo. Esa frase guarda la esencia de un estado de conciencia, donde es posible entender sin apego, escuchar sin reaccionar, dialogar sin imponer.
Pero, inicialmente, mientras transitamos nuestro propio camino de maduración (cada uno distinto) hacia esa “mente educada”, nuestros prejuicios o creencias TIÑEN todo lo que pensamos interiormente, o lo que la opinión de otros nos “dispare” como motivación para reflexionar. Es lo habitual, sucede espontáneamente... salvo que nos propongamos reflexionar con mayor objetividad. Debemos "trabajar" para estar dispuestos a abrirnos a otros puntos de vista.
¿Qué son, o serían, esas "creencias/prejuicios" que a cada uno nos “ata” en una postura fija o rígida... que nos dificulta, no ya el cambiar nuestra mirada completamente, sino que, al menos, nos abramos a una escucha más reflexiva, cómo lo haría aquel a quien Aristóteles describía cómo una “mente educada”?
Interpreto que para buscar la respuesta a tamaño interrogante, debemos analizar algunos conceptos:
LA VERDAD. La verdad es una... y no nos resulta indiferente. Si me ofreces algo para comer, necesito saber si es un alimento o un veneno, no puedo/debo negociar sobre conocer la verdad.
Sin embargo, a veces no ponemos el interés suficiente, el que deberíamos poner en buscar la verdad; a veces distintas personas se encuentran en distintos momentos/etapas de su camino hacia la verdad; a veces la misma verdad puede ser observada desde “ángulos” muy distintos (hasta pudiendo parecer dos cosas diferentes), influenciada por las circunstancias que a cada uno le toca vivir (y por el orgullo de no intentar ver otras perspectivas)...
Otras veces, esa “mente educada” puede buscarla con convicción y honestidad intelectual, reconociendo las distintas circunstancias que puedan presentarse... para ello se necesita HUMILDAD.
¿Podemos empezar por estar de acuerdo en que VERDAD y HUMILDAD serán dos ingredientes esenciales que deberán aparecer en nuestro camino hacia la felicidad...?
... sea cual sea el camino que nos toque/elijamos seguir, sean cuales sean nuestras creencias y circunstancias.
Un gran pensador, a quien disfruto escuchar (el Dr. Mario Alonso Puig), afirma que "lo que somos nos limita menos que lo que pensamos que no somos..." (frase para volver a leer).
O sea, que nosotros mismos nos pondríamos más barreras pensando lo que no podríamos ser o lograr, que asumiendo lo que somos en realidad, y todo el potencial que tenemos... o algo así.
Nuestra vorágine diaria puede llevarnos a creer, en el ejercicio de nuestro prejuicio interno, que hay tanto que "no podemos"... que luego, ni siquiera lo intentamos... Esto puede hacer “estragos” en nuestras líneas de reflexión, alejándonos de una posibilidad de cambio, incluso de maduración (“no puedo”... cuántas veces tan equivocado).
Esa sensación de "no puedo" (muchas veces infundada... y muchas veces no referidas a "proezas o grandes logros", sino simplemente a no poder manejar situaciones cotidianas, principalmente de relación o vínculos con los demás), puede activar el miedo, el resentimiento, y otras aflicciones como el enojo, la frustración o desesperanza, que activan el sistema nervioso simpático (estado de alarma), que cuando se prolonga en el tiempo, conduce a reacciones fisiológicas en el cuerpo que puede deteriorar nuestra capacidad de memorizar y pensar, puede costar dormir, deteriora nuestra creatividad, predispone a arritmias e hipertensión arterial, puede alterar nuestra sensación del proceso digestivo y hasta favorecer la acumulación de grasa en exceso...
¿Analicemos si podemos distinguir el simple sentimiento espontáneo del cariño que podemos sentir por alguien, de lo que significa el trabajo consciente que requiere el amar, y que, para que suceda, debemos proponernos llevarlo a cabo cada día?
Vamos introduciéndonos en otro concepto más para aquel gran interrogante de más arriba: el AMOR.
Si consideramos que la verdad y la humildad son necesarios, el AMOR es el ingrediente principal para la felicidad.
No siempre se usa la palabra amor con el mismo significado, incluso muchas veces se banaliza el concepto. Creo que la confusión más frecuente es decir "te amo" buscando expresar que te quiero para mi beneficio personal (de distintas formas), cuando el verdadero amor significa estar dispuesto para ayudar al otro a ser su mejor versión, y cuando hay coincidencia, ayudarnos juntos.
Todos podemos elegir el placer del momento, que prioriza el bienestar propio, que nos hace pasar buenos momentos, aunque sin llenar nuestro corazón de la forma en que se llena cuando compartimos, cuando elegimos el amor de ser empáticos, comprometidos en una sana exigencia, confiables, coherentes, bien dispuestos... para con nosotros mismos y para con los demás...
¿Se puede elegir a quien sí amar, y a quien no?
Quien elige, no está poniendo al amor como algo esencial en su vida... porque cuando el amor intenta estar en la esencia de la persona, entonces no selecciona, no es de una forma con unos, y de otra forma con otros... quien quiere vivir el amor en esencia no negocia según las circunstancias.
El amor que decidimos practicar en nuestras vidas es una actitud que habla más de cómo somos nosotros, que de las circunstancias que se nos plantean con los demás. Por eso, quien elige al amor como su actitud de vida, intenta llevarlo a cabo, aún con aquellos "que más le cuesta".
Por supuesto que luego corre por un camino especial, diferente, el amor único que uno destinará a la persona que elija para formar su propia familia.
El amor es esencial porque conduce a la PAZ, que es el escalón que está al lado de la felicidad (que podríamos definirla por tener el corazón lleno de cosas buenas, esas que nos ponen orgullosos y en paz)... No podría comprender el concepto de felicidad, sin paz interior.
Quien negocia el amor, convive con el rencor que nos lleva a elegir a quien amar y a quien no... “quien lo merece según mi juicio o prejuicio”... en lugar de sentir que todos lo merecen, sólo por SER similares a mí.
No es fácil, es una decisión, un trabajo a madurar, un objetivo a alcanzar (si es que nos convencemos que "vale la pena")...
Quienes vamos comprendiendo que es el mejor camino (difícil de seguir si no estamos convencidos), convivimos constantemente con logros que nos hacen muy bien, que nos fortalecen interiormente, y con caídas que, si nos damos la oportunidad de analizarlas en profundidad, nos recuerdan nuestro egocentrismo y la necesidad de salir de ello.
Otro concepto que debemos tener presente es que la FELICIDAD no es lo mismo que el placer del momento.
Antropológicamente, el diseño fisiológico de nuestro organismo está orientado hacia el comportamiento social. Producimos determinados neurotransmisores que nos ayudan, o estimulan, al logro de determinados objetivos. El logro de objetivos puntuales produce la liberación de dopamina, lo cual nos genera una sensación de placer, y al mismo tiempo, eso nos estimula a intentar el siguiente logro.
Pero, hay una gran confusión cuando se pretende igualar “el placer” con “la felicidad”. Es importante entender sus diferencias, ya que son dos de nuestras emociones positivas más importantes y movilizadoras:
PLACER | FELICIDAD |
más pasajero | más permanente |
más visceral | más etérea |
surge más de obtener, de tomar | surge más de DAR |
se puede conseguir con sustancias | no se puede conseguir con sustancias |
es una sensación individual | se experimenta en forma grupal |
sus extremos llevan a la adicción | no existe adicción en la felicidad |
se libera dopamina | se libera serotonina |
La dopamina excita a la siguiente neurona que contacta. Cuando una célula se ve excitada en exceso, se defiende dejando menos receptores disponibles para ese neurotransmisor excitatorio, por lo tanto, para lograr el mismo efecto, se necesita una mayor cantidad de ese neurotransmisor, mayor cantidad y/o repetición del estímulo… pudiendo así llegar hasta el punto de la adicción, dependencia y luego daño celular. Dependerá de cómo participe nuestra voluntad en la regulación de esos impulsos. Tendrá mucha influencia el cómo hayamos madurado... cuáles hábitos hayamos aprendido más y mejor.
Por el contrario, la serotonina tiene un efecto inhibitorio sobre la siguiente neurona que contacta, predisponiendo a un estado de armonía y paz interior.
La dopamina puede “estimularnos” hacia acciones positivas, o hacia acciones adictivas… ¿podemos pensar diferencias entre estos conceptos de acciones positivas y acciones adictivas?
Para algunas personas, hablar de amor puede parecerles algo "naif", pero está demostrado científicamente que quienes aman, y se sienten amados (mejores vínculos), quienes logran más paz interior, potencian su sistema inmunológico (mayores y mejores defensas), y hasta viven más, porque prolongan los telómeros (estructuras de los cromosomas vinculados a la longevidad).
Amar a los demás y amarnos a nosotros mismos,
con defectos y virtudes,
humildemente dispuestos a mejorar según la verdad
(como decía el papa Francisco:
"caeremos muchas veces,
lo importante será cómo nos volvemos a levantar")
Quien intenta vivir en el amor,
tendrá mucho mayor chance de ver lo mejor de otras personas,
comparado con quien descuida su capacidad de amar.
Neurológicamente, lo contrario al amor es el miedo... incluso más todavía que el odio.
Otra vez, palabras para reflexionar del admirado Alonso Puig: “tenemos menos miedo a nuestra oscuridad, que a nuestra propia luz...”
Mientras que nuestra naturaleza es el amor, el miedo es nuestra propia creación... e inconscientemente podemos mantenernos en él... Donde haya miedo (oscuridad), si ponemos amor (luz), el miedo desaparecerá.
Todos nos enfrentamos a incertidumbres, con nuestras vulnerabilidades a cuestas, vivimos en la constante elección de pensar primero en mí mismo -egocentrismo-; frente al camino del bien común, de salirme del centro de la escena, de ser empático, de estar dispuesto para los demás, intentando ser coherente, y de esa forma ir logrando la confianza... el amor finalmente puede volver como un bumerang, hasta magnificado, sin buscarlo, sin negociar... solo por intentar vivir EN el amor.
Esa vulnerabilidad que sentimos cuando reconocemos nuestras miserias, que obviamente todos las tenemos, nos hace tener miedo y apartarnos del amor ("no puedo")...
Nos hace crearnos una “máscara” frente a los demás... para ser vistos mejor de lo que en realidad somos, sin intentar corregir nuestras debilidades, como una muestra de nuestra inseguridad, de nuestra falta de humildad para asumir la verdad de lo que debemos mejorar en nosotros mismos... porque claramente reconocemos que podríamos ser mejores para nosotros mismos, y para los demás.
Es un gran trabajo, pero ¡¡¡que grande la recompensa!!! ... el camino hacia la felicidad.
Todos reconocemos en nosotros mismos algo de esas máscaras, o al menos un “maquillaje” que preferiríamos no tener... y a veces enfrentamos con humildad la situación para lograr ser coherentes con la verdad de nuestras debilidades, y a partir de allí intentar fortalecerlas y mejorarlas... volviendo al amor.
¿Existe o existió algún ser humano, como nosotros, que no viva o haya vivido en este dilema de seguir con sus miedos de las máscaras; o que piense en humildemente liberarse de ellas aceptando y mostrando la verdad de su persona?
Creo que todos, reconociéndolo en mayor o menor medida, vivimos en ese dilema.
Por eso el título de este escrito... tenemos mucho más en común de lo que pensamos, y en general, por caminos muy personales, buscamos algo similar...
Ya que el Dios en el que creemos los cristianos, Jesús de Nazaret, vino simplemente a decirnos que Él ES el amor, y a aconsejarnos/enseñarnos cómo reaccionar frente a cada una de las circunstancias en que se nos presenta ese dilema... que de alguna forma u otra, se nos presenta a todos.
Su mensaje fue muy distinto al que nos sale a los humanos comunes, a los que llevamos máscaras... fue un mensaje puro y transparente, sin máscara. Nos dijo que fuimos creados a imagen y semejanza del Amor Absoluto... y la frase que más se repite en los Evangelios (recopilación de la vida y enseñanzas de Jesús) es “no tengáis miedo”.
Su mensaje y Su proceder tuvieron la máxima empatía y coherencia que pueden ser posibles, con una disponibilidad extrema, con la exigencia de lo que podemos dar, lo cual lo volvió confiable y, basado en todo ello, despertó la FE en muchos, aún sin haberlo conocido personalmente... al punto que quienes más lo conocieron se enamoraron de Él, hasta dar sus vidas de tantas formas distintas (cada uno en su propio camino, libremente elegido), con la disponibilidad que Él nos había enseñado.
En toda la primera parte de este escrito no hablamos de Dios ni de religión... sin embargo, estuvimos de acuerdo que buscar el bien (humildad, verdad que conducen al amor) conduce a la felicidad...
Luego vino Jesús de Nazaret, quien anunciándose como Hijo de Dios nos hizo ver lo mismo... y sólo nos enseñó, nos ayudó a ver, la opción de caminos, frente a cada dilema, cada circunstancia, para poder cumplir lo que somos en esencia... sin pretender cambiarnos, sino pidiéndonos que seamos más como los niños que cada uno éramos en algún momento, cuando todavía éramos más transparentes, con menos maquillaje o máscara...
Esto último es un punto más que acrecienta mi FE de que Jesús era Dios, ya que me habría resultado incoherente que el propio Dios nos creara de una manera, y luego nos pidiera algo diferente a aquello cómo fuimos creados en esencia por Él mismo. Solo nos pide, o nos ayuda a descubrir, cómo "florecemos" cuando respetamos la esencia que nos conduce a la felicidad, por el camino del amor.
Jesús nos mostró CÓMO hacerlo ante TODA circunstancia,
explicándonos,
pero principalmente con su ejemplo.
Por eso, el título de este escrito debería haber sido algo así:
“quienes honestamente intentamos sacarnos las máscaras,
buscamos esencialmente algo muy parecido...
seamos o no creyentes”...
Jesús nos muestra el camino... nos enseña que podemos ser los ingenieros de nuestro propio camino, y que podemos ser los arquitectos de nuestro palacio de la FELICIDAD... verdadera.
Algo parecido a lo que intentará construir el "no creyente"... pero privándose de esa guía... que los "creyentes" consideramos una guía divina... debido a una fe que se apoya en un sustento lógico y racional... además de milagros y misterios...
Tan, pero tan interesante... que para aquellos que piensan que la fe cristiana es una creencia sin sustento, y que creen encontrar más argumentos en la ciencia, finalmente entre los científicos de mayor prestigio, el 95% de los ganadores de premios Nobel en ciencia, son o se convirtieron en creyentes...
Alguna vez se expresó que buscando ciencia se encontró a Dios...
No hay comentarios:
Publicar un comentario