25 de marzo...
Hace casi 30 años, Argentina fue pionera, a nivel mundial, en CELEBRAR LA VIDA desde su simiente... en su momento de mayor vulnerabilidad, de mayor dependencia de esa mamá que la contiene, y de ese papá que se unió con esa mamá, para darle el SER.
Al mismo tiempo, es la etapa de la vida que nos iguala a TODOS los seres humanos... todos estuvimos ahí, exactamente de la misma forma, con las mismas necesidades y potencialidades.
La concepción de una vida es un momento ÚNICO, donde la libertad y la voluntad de los seres humanos hace que pueda ser parte de un momento de unión de gran plenitud de amor entre los progenitores, hasta el otro extremo de ser algo forzado y hasta violento (como puede ser cualquier tipo de violación), con todos los matices intermedios... pero en todos los casos se trata del DON de una nueva vida. Esa nueva vida es absolutamente inocente de lo que sucedió antes de su existencia, incluyendo por supuesto la forma en que fue concebida y, a pesar de los enormes avances tecnológicos, no existe ninguna forma de detectar, en ese bebé o en cualquiera de nosotros, el grado de amor o desamor con que fuimos concebidos.
Por supuesto que si es absolutamente “evaluable y detectable”, en cada uno de nosotros (de todos los concebidos y nacidos) el grado de amor que recibimos después de ser concebidos... también, con absolutamente todos los matices, desde los más cruentos hasta los más amorosos.
A pesar de que la gestación en el útero materno es una etapa de gran dependencia, es el momento en el que tuvimos MAYOR plenitud en salud, mayor potencial de crecimiento y desarrollo... todos por igual.
Además del potencial de amor que puede darse en la unión carnal de cuando la mujer recibe al varón, no existe un momento de mayor integración entre dos seres humanos que cuando una mamá interactúa por nueve meses con su hijo, dentro suyo. Desde el mismo instante en que ese bebé es concebido, siendo apenas un óvulo recién fecundado, por el hecho de tener un código genético distinto, ya comienza a modular el sistema inmune de su mamá, para que no lo rechace, y más bien, para que se INTEGRE... ya que finalmente el organismo de la mamá no solo no lo rechazará (como lo haría con cualquier otra célula que reconozca con un código genético distinto), sino que finalmente le transmitirá anticuerpos que lo defiendan, mientras el sistema inmune de ese hijo va madurando...
Esa célula inicial, es totalmente distinta a cualquier otra, ya que tiene la capacidad de ORGANOGÉNESIS, lo que significa que a partir de esa célula, como de ninguna otra, con su sola evolución madurativa natural, se conformará un ser humano maduro... exactamente igual al proceso que pasamos todos los que leemos esto...
Al mismo tiempo, es el propio bebé quien va conformando casi la totalidad de la placenta que representará el mecanismo de comunicación biológico más extraordinario que puede existir, con innumerables formas de intercambio y protección mutua. Además de todo lo que sabemos e intuimos del cuidado natural y espontáneo de la mamá sobre ese embrión en crecimiento, cada vez se conocen muchos más aspectos en que esos mínimos embriones también protegen biológicamente a sus mamás con intercambios celulares, etc., etc.
Además de lo biológico, se produce una interacción humana espiritual que es única y modelo para toda la humanidad. No existe un acto mayor de entrega desinteresada (AMOR con mayúsculas) que el de la madre por su hijo, que desde el mismo instante de su concepción está dispuesta a darlo todo por él. En esa comunicación inicial, la naturaleza dota a la mamá de neurotransmisores y hormonas que naturalmente la predisponen al amor (entrega) por ese niño que recién está conociendo, SU HIJO... por eso, en el triste caso que ese embarazo (esa nueva vida) llegara a perderse (de la forma que sea), no le resulta indiferente a la mamá, ya que su organismo se había preparado para anidar con ternura...
Nuestro mundo necesita ese EJEMPLO de amor de la madre por su hijo... que se plenifica en su máximo esplendor en el momento en que ese niño, recién nacido es apoyado en el seno de su mamá, extenuada por el esfuerzo del parto (o por haberse entregado a una cesárea). En ese momento se paraliza el mundo, la mamá abraza ese hijo por el que dio TODO... todos estuvimos allí, varones y mujeres, recién nacidos, apoyados sobre el pecho de nuestra mamá que nos abrazaba con la máxima expresión de ternura, orgullo y felicidad... las mamás vivieron ese momento cuando ellas nacieron y cuando nació cada uno de sus hijos... ¡¡¡QUE PRIVILEGIO!!! Cuanta admiración por las mamás.
¡¡¡CUANTO para festejar HOY!!!
No solo la admiración por cada bebé que en este momento está CRECIENDO a pasos agigantados en la panza de cada mamá, sino también la celebración de que TODOS ESTUVIMOS AHÍ...
CUANTO para reflexionar y madurar como sociedad... en esta época de “invierno demográfico”, ¿por qué no recordar y revalorizar la ALEGRÍA que los niños nos producen a todos? ... a pesar que generen "gastos" y responsabilidades. Un buen momento para reflexionar/DESCUBRIR que la verdadera felicidad no la encontramos cuando nos cerramos en nosotros mismos (y disponemos de más “cosas” para nosotros), SINO que la FELICIDAD viene cuando nos ENTREGAMOS por los demás, y cuando, independientemente de las “cosas” que poseamos, pasamos a “poseer” mejores VÍNCULOS con los demás, con quienes nos rodean...
Finalmente una mención al hecho de que este día no está elegido al azar... sino que se trata del día en que los cristianos celebramos la Anunciación de que Jesús de Nazaret era concebido. Un día bisagra para toda la humanidad (ANTES y DESPUÉS de Cristo), ya que, aunque algunos creamos en la TEOlogía de que Jesucristo es Dios (la segunda persona de una Trinidad Divina), todos nos vemos impactados, de alguna manera, por la FILOSOFÍA de vida que instaló la cultura cristiana en la humanidad.
Los cristianos festejamos hoy algo CENTRAL en nuestra FE:
Dios empieza a hacerse Hombre
en el momento en que es concebido en el seno de la Virgen María.
Aunque los cristianos celebramos este día con la SOLEMNIDAD de un acto divino, se trata de un ejemplo de vida totalmente integrado a la realidad que nos toca vivir en cada momento, ya que independientemente de las creencias de cada uno, se trata de una joven que recibe una vida en su seno en el momento que menos lo esperaba, incluso bajo el riesgo de ser abandonada y apedreada... y sin embargo, la recibe con absoluta entrega.
Seguro que esa joven tenía motivos de preocupación y gran temor, pero acepta lo que le toca como una madre abnegada, que VALORA inmensamente el milagro de cada vida.
¡Cuánto que le tenía "reservado" la vida!
Ser la MADRE de Dios...
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