martes, 3 de febrero de 2026

20260203 LA FAMILIA... muy breve

 ¿Existe algún análisis sociológico serio que no identifique a la familia como la principal organización social? La base de todas las sociedades... 
EN LA TEORÍA, creo que nadie podría desmentirlo... pero, EN LA PRÁCTICA, ¿qué estamos haciendo, cada uno por la familia, como miembros de una sociedad? 
¿Cómo estamos ayudando a cuidar el concepto de familia, hacia la sociedad... para convivir con "mejores" familias?
¿Cómo estamos cuidando nuestra propia familia, para "ofrecer al mundo" nuestro "granito de arena"?

Como siempre, sin juzgar a nadie, solo para ayudarnos a reflexionar entre todos.


¿Alguien sabe cuándo se celebra el día de la familia?


Hace unos días empecé a escribir este texto que comparto acá, así inconcluso como está... para empezar una reflexión:


Ayer celebramos el día de la familia…
¿Cuál familia?
¿La tuya, la mía? TODAS… cada una con sus particularidades… creo que es bueno el ejercicio de no excluir… y que eso, tampoco impida observar objetivamente y con la mayor caridad posible, los beneficios y las dificultades de las distintas formas de organización familiar… porque, en definitiva, de nosotros depende CÓMO termine siendo NUESTRA familia… y para ello, es bueno que pensemos cuál sería nuestro modelo ideal.

¿Importa quién sea que propone recordar a la familia? En este caso es la Iglesia Católica, el día que se recuerda la SAGRADA FAMILIA… pero si fuera cualquier otra institución, BIENVENIDO!!! y si hubiera MÁS de un día para reflexionar sobre la familia, muy bienvenido también… 
La ONU proclamó, en 1993, al 15 de mayo como el día internacional de la familia... ¿lo sabías?
En Argentina se debería celebrar el día de la familia el tercer domingo de octubre, así fue estipulado para las celebraciones escolares (equivalente al día de la madre, del padre, del niño)... ¿lo sabías? y ¿sabías que se considera a octubre como el mes de la familia?

Un gran amigo me enseñó que, dado que los humanos somos una especie en la que la maduración es lenta (logramos un completo desarrollo después de los 20 años), se considera a la familia como el SEGUNDO ÚTERO… El hombre es un ser social, que plenifica su felicidad en su capacidad de socializar… pero esa inmadurez natural al momento de nacer, hace que inicialmente tendamos al egocentrismo, ya que todo gira alrededor del bebé, quien sólo debe “llorar” para ser consentido en el cuidado de sus necesidades… 
Es en la familia donde se debe ir aprendiendo a dejar ese egocentrismo de lado y estar atento a las necesidades de los demás… a darse por el otro… a socializar sanamente, sin segundas intenciones, solo por afecto, por amor… 
Uno de los estudios científicos más importantes de la historia, conducido por la universidad de Harvard, confirma que la base de la felicidad es la capacidad de generar buenos vínculos

Creo que muchos valores que nos gustaría preservar, que sentimos que se nos “van de las manos”: el respeto a la vida, al bien común, a la sana convivencia, al derecho natural, a tantos avances ya adquiridos, tantas cosas… todo eso, hoy sucede porque como sociedad fuimos perdiendo el respeto por la FAMILIA como institución, el respeto por el rol de cada uno de sus integrantes… 
Ese rol que debe cumplir cada uno… está como… ¿caricaturizado?… no sé si es la palabra más adecuada… ¿desdibujado? ¿poco reflexionado?
El PADRE… ¿cumple su rol?
La MADRE… ¿cumple su rol?
Los HIJOS/HERMANOS… ¿cumplen su rol?

Cada uno de esos roles, deben ir madurando en el tiempo… no es lo mismo mi relación como padre con una hija de 6 años, que con el que tiene 12, y al mismo tiempo con los adolescentes y los hijos adultos… todo al mismo tiempo…
No es lo mismo mi rol con una mujer joven, con fortalezas y temores, cuando empezábamos la familia, que 15 años después, en el medio de conducir el grupo familiar… y luego, 30 años después con encuentros más maduros y análisis diferentes…
No es igual mi rol de hijo/hermano cuando íbamos creciendo, que cuando empezamos a desarrollar actividades y adquirir responsabilidades fuera del núcleo familiar, o cuando, cada uno fue formando su “nueva familia”… pero seguimos en contacto… conviviendo de alguna manera y/o idealmente acompañándonos y ayudándonos…

La FAMILIA (el concepto de familia) es muy… SUPERdinámica!!! 
Y los roles de cada uno van cambiando… DENTRO de ella vamos madurando esos roles… es allí dentro, donde se aprende la CONVIVENCIA… es donde los padres DEBEMOS enseñarla (esos roles deben ser activos… no pasivos…)

Es también, DENTRO de la familia, donde uno DEBERÍA primariamente aprender a ver CÓMO debo mejorar, o madurar, MI propio rol, antes que pensar cómo están fallando los demás

La familia es EL lugar natural donde deberíamos (con la buena GUÍA de los padres) aprender a cooperar por el bien de todos, antes que pensar en mi propio interés… aprender LA EXPERIENCIA que mi situación individual espontáneamente mejora, si mejora la situación general, la situación de todos…

Siempre, en todo momento, es un buen momento para rezar por la FAMILIA, y reflexionar, CADA UNO, sobre los ROLES que nos tocan… siendo uno de los valores importantes que aprendemos DENTRO de la familia, y luego lo jerarquizamos para toda la vida, el de la COMPLEMENTARIEDADvalorar y respetar las diferencias, que siempre pueden enriquecernos

       


domingo, 1 de febrero de 2026

20260127 HERMANOS... ¿sí o no?

Empiezo con una consideración especial, ya que el desarrollo de este tema puede resultar especialmente sensible para alguien, y no es esa la intención de este escrito.

Existen familias sin hijos, con hijo único y con muchos hijos... Cada caso, cada familia es única... es fácil comprender que no todos tuvimos los hijos que quisimos/planeamos (el cálculo puede “fallar” en menos o en más), así que lo que se exprese acá es solo un análisis para reflexionar, nunca buscando juzgar a nadie.

Arranquemos:


Siempre que nos referimos a la célula vital y esencial de una sociedad, unánimemente mencionamos a la familia. En menor medida, también se menciona, cada tanto, al cimiento y sostén de cada familia: el matrimonio. 

Familia y matrimonio son modelos de CONVIVENCIA... es allí donde aprendemos a con-vivir en forma natural, y en la máxima confianza. Desde luego, esa convivencia estará atravesada por los valores que sepan/puedan transmitir los padres, para ellos mismos en el matrimonio, y para los hijos en la familia.


Pocas veces se habla/analiza sobre los hermanos, como miembros esenciales de una familia... Para que existan hermanos, debe haber, por lo menos, dos hijos o más.

Empezamos por un concepto que me gustaría resaltar: 

“cada hijo ES único... aunque tenga hermanos, aunque sean muchos hermanos”.


Ha cambiado mucho el enfoque global sobre el hecho de tener, o no, hijos.
En la actualidad, hay encuestas que muestran que más de la mitad de las personas consideran que una familia sin hijos “es una familia completa”, lo cual refleja cambios sociales muy importantes sobre el concepto de familia, respecto a lo que se “consideraba” hasta hace poco tiempo.

Algunos datos aislados, pero representativos:

- Según el censo de 2022, el 57% de los hogares en Argentina no tiene niños menores de 18 años. En 1991 eran el 44%... y antes menos. Se estima una caída cercana al 50% de la natalidad, sólo en la última década, lo cual es un tema demográfico para analizar en cualquier país o región, pero mucho más en Argentina, que tiene un territorio muy extenso, escasamente poblado (casi 2,8 millones de km2, con solo alrededor de 16 habitantes por km2)

 

- En la Unión Europea, de los hogares CON niños, el 47% tiene uno solo. En Canadá y en Reino Unido, entre las familias CON hijos, las que tienen uno solo superan a las que tienen 2 o más.

- En Alemania, solo un 13% de las familias CON niños, tienen 3 o más.

- En Australia, mientras en 1981 más del 33% de las familias tenían 4 hijos, en 2016 cayó al 11%.


Si bien es un dato duro que cada pareja debe tener, por lo menos, 2 hijos para sólo atender al necesario “recambio poblacional”, la mayoría de los países occidentales están teniendo una tasa de natalidad por mujer de entre 1 y 1,5, lo cual, naturalmente conduce a la extinción de esas sociedades... 
¿se comprende la magnitud de estos datos?


A pesar de ello, en países desarrollados, emergió, y aumenta el concepto DINK (“Double Income, No Kids) como “modelo familiar”. Un modelo donde la valoración principal es según costos... que no es un tema menor.

Actualmente se encuentra muy estudiado que cada hijo tiene un costo... Pregunto: ¿tendrá costos el hecho de no tener hijos... o de no tener hermanos?

En USA, se estima un costo cercano a los US$380.000.- por criar un hijo, desde los 0 a 18 años; mientras que si luego va a una universidad privada fuera de la ciudad donde vive, el costo/inversión puede ascender a US$550.000.-. Según publicaciones, estos costos son similares en el Reino Unido, en Canadá o en España, en familias de clase media o alta.
Argentina no tiene una estimación precisa, pero según una publicación en Infobae de 2009, podía variar entre US$200.000.- a US$500.000.- según el “nivel de vida” familiar. 

Siempre, en todos los países, estos costos dependerán del nivel de vida de la familia... un término que en mi humilde opinión no es correcto, me parece más apropiado decir “nivel de consumo”... ya que una familia con bajos ingresos, puede tener un nivel de vida extraordinariamente alto... aunque consuma poco, comparada con otras. Una familia con altos ingresos y bajo nivel de consumo, también puede tener un buen nivel de vida...

En otros escritos hemos evaluado los conceptos de austeridad y consumismo.

El “modelo DINK” permite disponer de todo ese dinero para “la pareja”... 
¿CUÁNTO podremos consumir con todo ese “ahorro”? ... ¿se puede “comprar” la felicidad?


Un análisis que puede ser real, aunque muy sutil:

En algunos casos, una pareja decide “comprar” un hijo (¡Perdón! quiero decir “tener” un hijo...), como parte de un análisis centrado en destinar parte de sus ingresos, en forma muy estudiada, a ese “¿consumo?”, que sería el hijo que “van a adquirir”, ¡perdón! que van a tener, o que va a llegar... en general, más a pedido de la mujer, que “necesita realizarse” como madre. También puede ser porque ambos lo desean, o lo “necesitan”, los varones también querríamos trascender como padres...

En estos casos, el enfoque está puesto en cumplir con los “deseos” de los padres... y no es que esté mal darnos determinados gustos, poder cumplir con algunos deseos...
PERO... resulta que... hay una frase que explica en forma extraordinaria lo que querría decir en este instante:
“las cosas son para ser usadas, las personas son para ser amadas... 
NUNCA al revés”.

... no deberíamos usar a los hijos para darnos gustos... ¿o sí? ¿Existen derechos inherentes a los hijos?


Tener un hijo, criarlo, ayudarlo a desarrollar su potencial, puede constituir el acto de mayor entrega y desprendimiento de un ser humano o una pareja (amor), más todavía si llega más de uno... O puede ser “un gusto que nos daremos como padres” en determinado momento, según la conveniencia (egocentrismo)... 

¿Y si ese hijo llegara en un momento “poco conveniente”? ... pobrecito... 
Podría ser que muera violentamente (aborto -no existe un aborto que no sea violento-), o podría ser que sobreviva al parto, y tenga una vida difícil (no amado, poco considerado, o poco tenido/caído en cuenta).


Es claro que una buena situación económica permitirá “muchos gustos”, y un mejor acceso a muchas cosas... pero no será lo que marque la FELICIDAD del hijo, ni la de los padres, ni la de la familia.

Claramente existen familias con pocos recursos, que son felices... y otras que tienen todo lo que necesitan, y hasta otras, a las que les sobra demasiado, que no logran una armonía y felicidad.


Al mismo tiempo, el nivel de consumo (que en muchos casos es considerado como una necesidad impostergable) ha crecido tanto, que muchas parejas eligen tener un solo hijo, “para poder darle todo lo que el hijo ‘necesite’” ... no solo en lo referente al “tiempo” de parte de los padres, sino también de bienes materiales (“que no le falte nada, como me faltó a mi”). Y ellos también, como padres, disponer de los recursos necesarios para determinados consumos que no están dispuestos a ceder... ni siquiera por un hijo.

Por ello, hoy surgen muy distintas opciones que se analizan mucho... sobre tener o no un hijo, o si tener más de uno. 

Todo muy evaluado, calculado... pero pocas veces se lo analiza desde el ángulo de que esos hijos tengan, o no, hermanos.
¿Puede ser bueno para un matrimonio/pareja calcular no tener hijos por un tema de costos?
¿Puede ser bueno para un hijo crecer solo, cómo un único hijo?
¿Puede ser bueno para una familia que haya varios hermanos?
¿Qué se gana y qué se pierde en cada caso?



Como expresé al inicio, este escrito no busca juzgar, solo intentar hacernos algunas preguntas, otros pueden agregar otras; y entre todos, intentar las mejores respuestas, al menos más reflexivas... que luego deben adaptarse a cada caso en particular.
El hombre y sus circunstancias... (José Ortega y Gasset).


Una vez más mencionamos el trabajo de investigación de la Universidad de Harvard sobre lo que conduce a la felicidad. Un estudio prospectivo de más de 80 años (¿el estudio más importante de la historia de la ciencia?), que muestra claramente que, contrariamente a lo que pensaban al inicio la mayoría de los reclutados para el estudio, no son los recursos o medios económicos quienes conducen a la felicidad, sino los buenos vínculos que aprendemos a desarrollar con quienes nos rodean...

Por lo tanto, a quienes más queremos, lo mejor que podemos desearles es que logren generar buenos vínculos con su entorno, principalmente el entorno más cercano.

¿Se aprende eso? ¿Cómo y dónde se lo aprende, principalmente?



Me sorprendí al escuchar varias entrevistas realizadas a “expertos”, que son las primeras que aparecen en una búsqueda rápida por internet, que explicaban que es indiferente la infancia con o sin hermanos para la maduración de un niño, incluso para su maduración afectiva o emocional... que sólo importa el ambiente que generan los padres para favorecer la adecuada maduración de un hijo. Se repite mucho que los hermanos pueden ser reemplazados por primos, compañeros de escuela, tíos, amigos del club, etc... que cualquiera de ellos podría ser “como” hermanos (nadie dice que esa socialización, con al menos esos “como hermanos”, no sea necesaria). 
O sea, el concepto de la necesidad de hermanos para la maduración de un niño estaría claro... pero algunos estiman que son fácilmente reemplazables.

Esto me disparó a comenzar esta reflexión, profundizando la búsqueda de algunos datos y de algunos otros análisis.


Howard Gardner, prestigioso neuro-psicólogo e investigador, formula la teoría de las inteligencias múltiples en 1983, desafiando el paradigma tradicional de una inteligencia única. Propone 8 formas distintas de inteligencia: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal-cinestésica, naturalista, intrapersonal e interpersonal.

La inteligencia intrapersonal e interpersonal son las que predominan para generar los vínculos que tendremos con los demás, se las puede unificar como inteligencia emocional. Nuestro cerebro debe desarrollar las vías neuronales que active y potencie esta inteligencia emocional.


Algunos estudios científicos "de peso", para comprender desde donde nos posicionamos:

 

Un buen resumen sobre cómo se organiza nuestro cerebro social

Tres grandes áreas de conocimiento: 
1) El reconocimiento del ambiente (no social) que nos rodea.
2) El reconocimiento de nuestros procesos mentales.
3) El reconocimiento de los procesos mentales de otros.


El cerebro infantil y sus capacidades cognitivas experimentan un importante desarrollo durante la primera infancia. En cognición social, los niños pequeños desarrollan una comprensión notablemente sofisticada de los deseos, pensamientos y emociones de los demás, a diferencia de sus reflejos corporales, dolores y enfermedades; gran parte de este desarrollo ocurre antes de que los niños comiencen la educación escolar a los 6 años.
Estos resultados concuerdan con evidencia previa de que el desarrollo de regiones cerebrales funcionalmente especializadas para razonar sobre los estados internos de los demás implica una aplicación cada vez más precisa de recursos neuronales específicos (es decir, grupos distintos de regiones cerebrales) a estímulos específicos (eventos que representan los estados mentales de los demás frente a sensaciones físicas).
Estos resultados son consistentes con la evidencia en psicología de un desarrollo lento y continuo que ocurre de forma gradual. La mejora se ve impulsada por la práctica explicativa explícita y la retroalimentación durante un período relativamente largo.


Bajo estas premisas y apoyados en estas bases científicas, alguien expresa que la madurez emocional es un camino de crecimiento personal: aprender a sentir sin rompernos, a amar sin depender y a vivir sin miedo.

La madurez no es solo un proceso de "crecer", sino de internalización; necesitamos a otros para que actúen como espejo y motor del desarrollo. Aprendemos quiénes somos al observar cómo reaccionan los demás ante nosotros. Los pares ayudan a etiquetar y validar emociones; sin ellos, el individuo carece de las herramientas para la “gestión emocional”.

El cerebro humano desarrolla circuitos específicos que solo se activan mediante la interacción. Las interacciones sociales tempranas proporcionan instrucciones clave para determinar cómo se desarrolla el cerebro.

La Teoría de la Mente es la capacidad de entender que otros tienen pensamientos y deseos distintos a los nuestros. Esta habilidad, crucial para la madurez, se desarrolla mediante el juego y el conflicto con pares entre los 3 y 12 años


La madurez nace de la seguridad. Para que un joven se atreva a madurar y explorar el mundo, necesita saber que existe un "puerto seguro" al cual poder volver. El apoyo social (personas de confianza) es el factor que más ayuda a desarrollar la resiliencia; sin otros, los desafíos de la vida pueden resultar abrumadores en lugar de ser oportunidades de crecimiento. 

Madurar implica ver las cosas desde la perspectiva ajena (empatía); se aplica en la capacidad de postergar el deseo inmediato en favor de un bien común o de una relación a largo plazo

Alguien que crece solo puede volverse funcional en tareas técnicas, pero permanecerá en un estado de egocentrismo infantil permanente al no haber tenido que negociar nunca sus necesidades con las de otro. La "madurez humana" (entendida como juicio, empatía y regulación emocional) es un producto social que simplemente no se genera en soledad.


Si los padres son el espejo vertical (la autoridad, el cuidado y el modelo), los hermanos representan el laboratorio horizontal. Su rol es fundamental porque es la primera relación de igual a igual donde se ensaya la vida en sociedad sin la red de seguridad, o la condescendencia, que suelen tener los adultos para con los niños. 
Con los padres, el poder es asimétrico, con los hermanos la relación es recíproca. 

Con un hermano aprendes que no eres el centro del universo. Se negocia desde quién usa el control remoto hasta cómo compartir el afecto de los padres. Este "entrenamiento" desarrolla la capacidad de ceder, defenderse y buscar soluciones "win-win". La rivalidad fraterna es natural y saludable si se maneja bien, ya que enseña a lidiar con la envidia, los celos y la competencia, emociones que aparecerán inevitablemente en la vida adulta. 

Los niños con hermanos disponen de herramientas naturales para desarrollar la capacidad de entender que las otras personas tienen pensamientos, intenciones y sentimientos distintos a los propios. Además, los hermanos crean una cultura propia (chistes internos, secretos) que les permite diferenciarse de la unidad parental, un paso crucial hacia la independencia emocional

Mientras que la relación con los padres está marcada por la futura pérdida, la relación con los hermanos es, potencialmente, la más larga de la vida. En situaciones de estrés familiar (como una crisis, o un divorcio o pérdida de un padre), los hermanos sirven como amortiguadores emocionales, procesando juntos la realidad y brindándo seguridad mutua. 


¿Y qué pasa con el hijo único?

No significa que no madure, sino que no dispone naturalmente de ese "laboratorio horizontal" (24/7), que llamamos socialización primaria. Entonces, en el mejor de los casos, buscará su reemplazo en otros espacios, como los primos, tíos (otros adultos), amigos, club o el entorno escolar, para compensar la falta de esa convivencia diaria con pares. El problema será que esos otros espacios resultarán temporales, asimétricos o estructurados. Obviamente se puede sobrellevar la situación, pero no existe un entorno/convivencia que sea igual a la de los hermanos.

La escuela está regida por normas y una supervisión distinta a la de los padres; además, allí el niño debe cuidar una “imagen social”, que no le preocupa frente a sus hermanos. No hay espacio para la convivencia "ociosa" donde surgen los conflictos que deben aprender a manejar.

En el club, actividades extracurriculares, o con amigos, el tiempo compartido es limitado y lo que principalmente evita es la obligatoriedad de tener que convivir después de las peleas, como sucede con un hermano, que es lo que realmente obliga a la maduración y la reparación del vínculo.

Los hijos únicos a menudo se van adaptando, y desarrollan sus propias formas de relacionarse con el mundo que los rodea.

En el desarrollo evolutivo entre 3 y 12 años, un hijo único tendrá experiencias distintas en comparación con un hijo que crece con hermanos. Entre hermanos están obligados a competir y compartir, negociar y resolver conflictos, aprendiendo a comprender diferentes perspectivas entre pares.

Los hermanos, a menudo, asumen diferentes roles dentro de la familia, con lo cual aprenden que cada uno es querido por quien es, más que por sus logros o por el lugar que ocupa. Lo viven en carne propia, y lo observan directamente en alguno de ellos.

El hijo único habitualmente tendrá ausencia de estos estímulos para su maduración, ya que crece en un ambiente donde las interacciones en el hogar son con adultos (relaciones asimétricas), no con pares de su misma edad con quienes debería navegar dinámicas de igualdad, conflicto y negociación.


Dado que la esencia humana es de madurar hacia lo social, la psicología del desarrollo describe esta situación como un aumento del riesgo del egocentrismo prolongado

Desde la perspectiva de la maduración, si un niño no dispone de las herramientas que otorga la convivencia entre pares de forma intensiva entre los 3 y 12 años, puede resultarle más difícil la "descentración" (su capacidad de salir del egocentrismo natural de esa etapa). Según Jean Piaget, el niño debe pasar del egocentrismo a la capacidad de ver el mundo desde otra perspectiva. Sin hermanos que le obliguen a ver que "el otro también tiene hambre, también quiere ese juguete y también está cansado", ese proceso de descentración puede ser más lento, difícil y/o doloroso. Pueden presentar una mayor fragilidad ante la frustración social (sus interlocutores adultos suelen ser predecibles, por educación o  por razones de lógica adulta, entonces cuando en el mundo real se encuentra con pares que no ceden, puede experimentar frustración al no tener entrenamiento en la negociación horizontal).

También pueden ser más rígidos en la propia evaluación de su identidad, al no haberse habituado a distintos modelos, o a la “corrección fraterna”, que en algunos casos puede ser cruel, pero en otros puede ser en la confianza de mucho amor mutuo. 

Por consiguiente, el egocentrismo, en algunos casos puede no estar referido a actos voluntarios, sino a no haber desarrollado la capacidad de lectura de la postura del otro... lo cual puede dificultar los vínculos con los demás (familiares, amigos, pareja, equipos de deporte o de trabajo).


Todas estas “ausencias” pueden ir recuperándose con el tiempo, y algunas personas lo hacen de manera brillante; pero es importante recalcar que la etapa entre 3 y 12 años constituye para el desarrollo del cerebro lo que se ha llamado “ventana de plasticidad social”. Aprender después es más difícil, y no se “graba” de la misma forma. Se lo considera el período crítico de la descentración (salir del egocentrismo) y de la autorregulación, herramientas que serán fundamentales para la autoestima y para generar buenos vínculos con quienes los rodean.

En esa etapa el cerebro desarrolla las conexiones neuronales de la empatía, que necesita ser “entrenada”, caso contrario, de adulto será más difícil leerlo naturalmente.

A los 3 años los niños van aprendiendo a jugar en paralelo (cada uno en lo suyo, puede adoptar sus propias reglas), alrededor de los 6 a 9 años pasa a aprender a respetar reglas comunes... entre hermanos, esas reglas se negocian y re-negocian mil veces al día, hasta lograr consensos. Va pasando del yo al nosotros, y va valorando su capacidad de hacer cosas en grupo. Entre hermanos aprende fácilmente que a veces puede ser líder, y otras seguidor, sin que cambie su valoración como persona.

Entre los 6 y 12 años el niño se va auto-definiendo en comparación con sus pares, teniéndolos a disposición (hermanos, primos, amigos), va aprendiendo a calibrar su autocrítica... para que no resulte muy severa o inexistente. 
Antes de los 12 años va desarrollando la resiliencia ante los conflictos... de no vivir esa etapa con “entrenamiento constante”, puede haber una mayor fragilidad emocional. En esa etapa, entre hermanos se ensaya permanentemente que el pelearse y perdonarse es natural y rápido. 

Al llegar a la pubertad, el cerebro se vuelve “más rígido” (el cerebro “limpia” conexiones que no fueron muy usadas), y se enfoca más en la identidad sexual y la pertenencia a grupos más grandes. Aprender a manejar conflictos recién en la adolescencia puede dejar más rencores o “cicatrices”. Aprender a convivir después de los 12 años es como aprender un idioma nuevo de grande, puedes lograrlo, pero tienes más chances de que se marque un "acento"... 

Entre los 3 y los 12 años se desarrolla y entrena el “músculo” de la convivencia social.


En un hogar de un “hijo único”, el niño es el único referente de su generación; el mundo gira en torno a su ritmo de desarrollo. Al llegar a la escuela, se encontrará con algunos que tengan una mayor capacidad de negociación/convivencia, o con otros que también fueron el centro de su propio universo.
El niño con hermanos sabe que él no es un estándar, sabe que el otro puede tener ritmo, gustos e incluso enojos distintos... llega con “horas de vuelo” en la resolución de micro-conflictos. Sabe detectar cuando alguien podría enojarse, o cómo pedir algo sin que parezca una orden.
El hijo único llega a la escuela a aprender esa teoría y la práctica al mismo tiempo, con algunos que estarán juzgándolo más que otros. Dentro de la familia, los “errores sociales” resultan más baratos y suelen resolverse más fácil y rápido. En la escuela, el “error social” puede resultar caro.


Algunos padres reconocerán esta dificultad e intentarán suplir lo que puede haber faltado, pero es importante tener presente que los niños aprenden mucho más y mejor lo que somos como padres que lo que les decimos.

Puede resultar más difícil enseñar la generosidad de la empatía, el perdón, la comprensión, si cómo padre tomé la decisión de no tener más hijos por un tema de comodidad, de disponer más recursos (mucho peor, más difícil, si hubo algún aborto, y el hijo lo sabe... lo cual también le baja la autoestima, ya que puede pensar que no es amado en forma incondicional, porque si hubiera llegado en el momento que le tocó a su hermanito...). La mejor forma de aprender generosidad puede ser viendo a los padres sacrificando tiempo, sueño, recursos por él o un hermano... viendo cómo sus padres gestionan la llegada de cualquier “inconveniencia” con amor y aceptación.


En el caso del hijo único planeado, calculado, puede ser que el niño sienta que debe satisfacer expectativas de sus padres. Se cambia un amor incondicional, por un “amor por desempeño”... donde el bienestar personal de algún miembro de la familia está por encima del vínculo.

De hecho, la descentración (salir del egocentrismo) es una experiencia de renuncia, que es difícil de enseñar si uno no está convencido de ello y no predica con el ejemplo... nuestros hijos tienen muchas chances de ser nuestros espejos en muchos aspectos.

La caída brusca de la natalidad en nuestro mundo occidental debe hacernos reflexionar si no habremos estado transmitiendo una cultura donde predomina el yo antes que el nosotros.



Quienes opinan de manera opuesta aseguran que el hijo único puede desarrollar una mayor conectividad social, ya que naturalmente sale a buscar en la sociedad lo que le falta en su casa... lo que no pueden explicar es cómo desarrollarán mejor esas herramientas para buscar lo que les falta, si también le faltaron las herramientas... desgraciadamente la necesidad no crea necesariamente la capacidad. 
La “capacidad social” es mucho más operativa que teórica, si entre los 3 y 12 años no se desarrolló el “músculo” de la inteligencia emocional, luego será más difícil.

Si bien este es un tema inagotable, me gustaría terminar analizando dos valores que no mencioné hasta acá que son más fáciles de aprender en una familia con muchos hermanos, y difíciles si no se practican: la AUSTERIDAD (el buen uso de los recursos) y la EQUIDAD (no distribuir en base a igualdad, sino dar a cada uno lo que cada uno precisa). 

Dos virtudes de la voluntad, que deben ser aprendidas, comprendidas, ejercitadas y valoradas con ejemplos concretos... preferiblemente constantes.


¿Escuchaste alguna vez la frase de que "lo mejor que podés regalarle a tu hijo es un hermanito"? ... aunque ese hermanito llegue lleno de pedidos de colaboración, de compartir, de pasar a un segundo plano, de heredar ropa, de tener que esperar tu turno, etc., etc., etc. jajajaja
Parece que a la larga, y a la corta, todo ese sacrificio paga con creces!!!


Por último, me permito una reflexión final para las generaciones más nuevas, de parte de un viejo que ha tenido hijos... y creo que TODOS los que tuvieron/tienen hijos van a compartir, de alguna manera (padres viejos y jóvenes)...
Porque, al final, pueden cambiar las épocas, las formas en las que vivimos, la tecnologías, costumbres, hábitos, etc. pero los dilemas que enfrentamos como personas son siempre los mismos... básicamente resumidos en "o nos ayudamos entre todos, o cada uno hace la suya..." De una forma u otra, TODOS navegamos por ahí... con altos y bajos... Por eso un estudio como el de la Universidad de Harvard, con más de 80 años de investigación, tiene absoluta vigencia... por eso, el derecho natural, los valores, los principios de cada religión, etc. se mantienen vigentes a pesar de los siglos...
Lo que les quiero transmitir, es que todos los hijos necesitaron una re-evaluación de la economía y la organización familiar, es imposible que eso no suceda, y no siempre son fáciles los cambios, hay que adaptarse.
Pero TODOS los hijos traen "un pan bajo el brazo"... de mil formas! Son una verdadera BENDICIÓN (o una alegría, si preferimos usar una palabra sin "tinte religioso") para los padres, hermanos, tíos, abuelos, para todos los que nos quieren de verdad... y es así, porque ha sido así durante toda la historia...
Cada hijo me hizo y me hace FELIZ cada día... me INYECTA vida por saber de, y acompañar, la de ellos... 
Todo tendrá sus pros y sus contras, siempre habrá cosas en el haber y en el debe... pero SIEMPRE que miremos hacia atrás, encontraremos que un hijo, un hermano, fueron verdaderos REGALOS de la vida, escuelas de vida que nos hicieron CRECER... aún cuando podamos estar enojados o distanciados... esa nueva persona, ese nuevo hijo/hermano nos hizo vivir con más intensidad, superarnos en mil aspectos, nos obligó a buscar dentro nuestro cosas que desconocíamos que teníamos para dar... y nos hicieron recibir MUCHO, de lo bueno, de lo malo, de lo desafiante... de la vida misma.

VALE LA PENA APOSTAR!!!


Los cristianos creyentes, además valoramos la Gracia de ser CO-creadores de una nueva vida... bueno, valorar y analizar eso ya es para un escrito interminable...